Cuando tienes vocación

Dice la Real Academia Española que el significado de la palabra VOCACIÓN es la inclinación a un estado, una profesión o una carrera. Muchos de nosotros nacemos con una vocación pero lo que no es tan fácil es detectarla. ¿Cómo podemos descubrir aquella profesión para la cual hemos nacido? ¿Quién nos enseñará a destacar en aquello que somos buenos? Seguramente quedará en manos de las madres y padres, de los profesores, de amigos especiales, de familiares. De gente cercana que nos conozca a la perfección y nos ayude a detectar dicha vocación.

Pero sin entrar en el mundo de las vocaciones, hoy nos queremos centrar en una en concreto: ser una genial organizadora de bodas o, lo que es lo mismo, cómo ser wedding planner y conseguir vivir de ello. Muchas weddings empiezan sus andaduras profesionales organizando eventos en general, produciendo conciertos, galas de premios, aniversarios, eventos de empresas y un largo etcétera. Pero llega un día en que esa mente privilegiada en cuanto a orden y metodología se fija en un solo sector, el de las bodas. Y entonces esa persona se da cuenta de lo emocionante que es dedicarse a este sector donde trabajará directamente con las emociones. Será un ámbito exigente donde no puede fallar nada (no se puede repetir la boda…), en el cual se juega con los sentimientos de las personas y donde hay que hacer verdaderos esfuerzos para que todo salga perfecto: la decoración, los timmings, la gestión de los invitados, los pagos, la música, y un largo etcétera.

Vamos a pensar que no todo el mundo es válido para esta profesión. Vamos a pensar que, si todo el mundo lo fuera, no habría suficientes bodas para que todos tuviéramos trabajo. Vamos a pensar que, gracias al cielo, hay muchísima gente buena en muchísimas cosas. Y es por ello que existen tantas profesiones como personas hay en el mundo. Solamente se trata de encontrar tu habilidad, tu don, tu vocación.

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